Quemaste los barcos y cambió tu bandera, fuiste la mejor tripulante en un mar de dudas y aguas inciertas.
Dejaste el eterno verano para vivir cada estación, iniciando tu primavera. Y me confiesas que, aunque la tierra gire, nunca volverá al sol de aquella era.
Ahora ya sé que del naufragio no habrá rescate. Que tu tierra prometida es tu hogar y salvación. Adiós, mi bella y gran historia, me quedo conforme por haber sido la excepción.

