Quisiera convertirme en ave, seguir tus ojos para alcanzarte, allá donde sale el sol y nacen los navegantes. Contemplar cómo se dobla la Eiffel para hacerte reverencia, y cómo la Pisa se pone en atención por tu presencia.
Caminar por el Camino de Santiago para que se cumpla la promesa de poder entregarte la luna la noche que sepa que me besas.
Navegar por Venecia y confirmar los milímetros que se hunde cada año, los mismos que estaría cerca de ti por el resto de mi calendario.
Al final, llegar a la Suiza de mi realidad, que, así como yo estoy sin ti, ella no tiene capital. Con tantos idiomas para comunicar, como mis intentos fallidos por conquistar.

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