
Mi capacidad de odiar es tanta, que le temo y prefiero amar por ejercicio. Mi capacidad destructiva es tan inmensa, que construyo relaciones alrededor para explotar en mi interior.
Mi sed de venganza es tan grande que, gota a gota, voy perdonando.
Soy el último sujeto en un culto suicida que se resiste a tomarse lo que resta de la Pepsi.
1 comentario:
Esto sí que es una obra de arte
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